lunes, 31 de diciembre de 2018

El amor

Perdón a los que ofenda con este panfleto evolutivo, que no debería de ninguna manera ser un tratado de química, pero que no puedo evitar. Lo que hoy queremos explicar es la evolución del amor, cuya definición actual está afuera de la ciencia, todo lo que se dice hoy del amor es una completa falta de cordura, lo que se piensa del amor no es objetivo, se ama por el corazón, según algunos y ese es el símbolo, pero ni el corazón es así, ni el amor puede nacer en órgano, importante sí, pero que no produce sinapsis. El amor sólo puede nacer en el cerebro intrincado y a base de unas adaptaciones al medio y de unas miles de generaciones. La evolución no es una mejoría porque la evolución no tiene un sentido y con eso me refiero a que no dice "mejoremos este hombre alarguémosle la trompa". No, la evolución es una adaptación y algunas adaptaciones son terribles. No quisiera andar en una caverna sin luz husmeando con una nariz estrellada o no querría tener que consumir a mi presa entera y esperar meses a que mi estómago hiciera la digestión. El amor es un invento humano y me parece que la religión tiene mucho que ver en ello. Tan simple es que si vamos a otras especies más fuertes, notamos que la manada se hace fuerte por cuestión de número, la alianza fructifica y no es de dudar que las zonas de recompensa del cerebro contribuyeran a promover tales vínculos de alianza. Entre primates podemos observar que tales alianzas son indispensables, para cuidar la cría es necesario cuidar a la hembra que la porta y la repartición de deberes estaba hecha: tú te quedas en casa, cuida la criatura que yo voy, con otros machos, a cazar. El cerebro envía una señal de aprobado con hormonas y la cosa se sigue así hasta el día de hoy, en que la religión y la ley, obligan al homínido a responder por la criatura, quiera o no. La religión establece premios y castigos y le da carácter divino al nacimiento y casa ─arrejunta" dice mi prima─ para siempre o "hasta que la muerte los separe". Esa cosa es inaudita y antinatural. No falta quien busque especies que se aparean por toda la vida y las colocan como ejemplo, basta con pensar que el 99% de las especies en la tierra no hacen tal tontería porque a mayor cantidad de hembras y de apareamientos, mayor es la posibilidad de subsistencia de la especie y esa si es una premisa evolutiva: la subsistencia de la especie. No hay necesidad de preguntarnos porque hay tan pocos animales solitarios vivos. Acabando la farsa, existe una necesidad de alianza y tal necesidad es premiada por el sistema de recompensa del cerebro, lo que llaman endorfinas, que, básicamente son como programas o subrutinas de un programa. Cuando nos asustamos el cuerpo no puede reaccionar, entonces libera en el torrente una substancia que provoca los cambios requeridos para el ataque o la huida, liberando y buscando toda la energía almacenada de la que puede aprovecharse el cuerpo, incluso minimizando la de otros sitios no tan requeridos, igual pasa con el amor. Cuando "deseamos" y la pasamos bien, nuestros cerebros liberan endorfinas que son opiáceos naturales hasta 20 veces más fuertes que los medicamentos para el dolor ─está esa tontería de que el amor todo lo cura─ y aparecen estas subrutinas facilitando y complicando el proceso. La dopamina empieza con el sistema de recompensa, descargándose cada que nos sentimos bien con una visita o con un acto realizado, también aparece la oxitocina que se encarga de la felicidad y del abrazo. Todo eso lleva a que aparezca la feniletilamina, responsable de las mariposas en el estómago. Alguna vez leí en una revista de ciencia que tal hormona era secretada y que su duración aproximada era de unos tres años ─eso dura el amor eterno─ luego del cual siguen actuando otras endorfinas que deben ser buscadas, pero que asumo son las que hacen el trabajo del equilibrio y es la "endorfina de la costumbre" la responsable de que los matrimonios duren décadas, aunque no hay necesidad de encontrarla, porque las obligaciones adquiridas y los vicios compartidos son suficientes para mantener ardiendo una llama muerta. Concluyo mis pacientes humanos: El amor es un invento humano para reproducción y alianza. La química cerebral provee el sedante y la duración finita y con unos procesos bien definidos: la subsistencia de la especie. Las novelitas de amor y las histerias de radionovela no son más que interpretaciones lejos de la ciencia.

PS: Disculpen, se puede morir por amor pero no de amor. "Murió de amor" no aparece en ningún certificado de defunción válido. Se muere de hambre o de insuficiencia cardíaca, de amor no.

PS 2: La "hormona de la costumbre" es teoría personal, pero puede ser un conjunto de las ya conocidas que nos dejan con TOC por conservar lo que ya no amamos. O se necesita una investigación en matrimonios duraderos.

PS 3: Más de uno querría saber en qué momento pasamos de ser polígamos libres a esclavos de la religión monogámica y de "hasta que la muerte los separe". Creo que tienen una buena pista con la implantación de la religión. El judaísmo y el cristianismo requieren como práctica la monogamia y el islamismo que permite hasta cuatro concubinas, requiere que todas tengan dote y propiedades. Freud les puede ayudar cuando objeta que la sociedad humana requiere de derechos iguales, nada raro que se imponga el mito de la pertenencia y el miedo al incesto que permiten mejor distribución de las hembras. Y, no dudo que en ello tenga que ver el frauendienst propugnado por la caballería medieval.

PS 4: Tampoco debe confundirse la poligamia, la poliginia y la permisividad. Todas las religiones permiten la prostitución, pero no aceptan que la prostituta es "mujer". Discúlpenme sólo tratar el ejemplo masculino. Encuentre un católico monogámico que no haya hecho uso de la prostitución como sistema de liberación de estrés y que sea condenado por la religión por ello. Eso es un pecadillo menor, dicen.