viernes, 20 de enero de 2017

Defensa II

Ya me relajé hablando de palos y piedras y mímesis sin llegar a la defensa por excelencia del ser humano que ha de ser su magno cerebro y el amplio desarrollo que presenta ─más que en otras especies─ pero, el cerebro también es un punto aparte. No dudo de él para concluir, investigar, copiar, ayudado de unas manos que son capaces de modificar el entorno en su favor, pero yo quiero analizar el habla como herramienta de defensa, la capacidad de comunicación no fue la herramienta primera, pero ella dio sus frutos de maneras muy variadas y pienso que es un excelente sistema de defensa en la actualidad. No trataré de como miles de millones de años de evolución moldearon los órganos para hacerlos propicios y como la necesidad de comunicación, exigió los primeros vocablos, sílabas o sonidos que se convertirían en el habla. Eso llevó una eternidad y la evolución vió que era bueno, pero no ha sido capaz de duplicar esa comunicación tan especial que desarrolló en el ser humano en otras especies. No hay duda que las otras especies se comunican y se avisan de un peligro, incluso se coquetean y se defienden con esa comunicación simple; pero, el hombre usa el habla y fonación para enseñar, para organizarse, para cazar, para la interacción social y la cada vez más compleja manera de comunicarse le permitió desarrollar aún más el cerebro ─si se le exige más rinde más─ y así por cambios llegamos al presente donde usamos ese don sin entenderlo muy bien o por lo menos en su función de defensa. Hablar nos permite interactuar y preguntar por el conocimiento del otro, que puede sacarnos de apuros: ¿Dónde queda la Espuelera? o ¿cómo llego a san Mofeta? ¿Cómo puedo solucionar este dilema? Si el otro tiene el lenguaje y el conocimiento. El tono y fuerza vocal que le doy a mi voz es increíble sistema de defensa porque puedo hacer que ella transmita suavidad, paz, respeto o todo lo contrario. Si quieres calmar a un perro no le gritas, le hablas suavemente y con el lenguaje corporal puedo mostrar mi frustración o mi ánimo de combate o incluso, al tomar ciertas posiciones, indicar que estoy armado o aparentar estarlo ─los mimetismos─ Lo mismo puedo hacer con el lenguaje hablado, no se aparten de la elucubración, los gestos refuerzan lo que decimos. El habla calma y si aprendimos el modelo racional inventado por el ser humano de la diplomacia y el buen trato, no es de dudar que hablar puede librarnos del combate o permitirnos salir indemnes en la lucha. Generamos lenguaje de apaciguamiento, cuando alguien nos ataca o nos amenaza y nos hacemos más chicos, agachando la cabeza y subiendo las manos, mostrando temor y explicando nuestra insignificancia y nuestro deseo de colaborar, estamos, en una manera defensiva. Defenderse no siempre es luchar, la naturaleza evita el conflicto hasta el último momento y minimiza los daños con trucos. Una cebra podría matar a un león, pero esta no va y lo reta a combate. El cocodrilo sabe que no tiene muchos rivales, pero eso no lo lleva a la ostentación pública. Librarse de la mordida de una serpiente es poco probable, pero ella no anda mordiendo a todo lo que se le atraviesa, avisa y prefiere hacerlo que desperdiciar su valioso veneno. Frente a la agresión se puede responder con agresión y es probable que generemos consecuencias buenas y malas, las otras dos opciones son la huida ─excelente defensa personal─ o el lenguaje concesivo, la muestra de sumisión o la poderosa rendición, todas ellas ligadas al lenguaje. Recuerdo a Herman Wouk que pone en boca de un judío:  "Obedecer las órdenes, tener los papeles en regla, inclinar la cabeza, elevar el espíritu y disponer de dinero en efectivo, esta es la sabiduría de nuestra raza." Ahí están las defensas, la primera y la tercera del lenguaje, la segunda del sentido común y la cuarta es la típica pago por protección, que promueve el matoneo, pero que en nuestra sociedad es asaz usada.

domingo, 1 de enero de 2017

Sexo

El sexo es un poderoso avance evolutivo, ninguna gracia tendría reproducirnos como los hongos, para reproducir individuos clonados genéticamente iguales y sin muchos beneficios otorgados por la otra reproducción, la sexual. Bástese decir que los individuos que consideramos inferiores, se reproducen asexualmente y claro, nunca han escrito un libro de historia ni han hecho avances ni descubrimientos, o por lo menos no los han divulgado en revistas. Eso da a la sexualidad una preeminencia. Los seres que se reproducen sexualmente, evolucionan de una manera muy peculiar gracias a las leyes de Mendel y al descubrimiento de Darwin. ¿Qué lo hizo lo que es? Hoy día sabemos mucho del sexo, comparativamente hablando. No falta quien crea todavía que una paloma fecundó a una chica o que se puede quedar en embarazo al sentarse en un baño o incluso que un disparo puede traer semen infeccioso. Para referencias, léase "El hijo de los calzones" del "Testamento Paísa" de Agustin Jaramillo Londoño. La finalidad del encuentro sexual tiene como objetivo la reproducción de la especie y la mejora sucesiva, que si no, la adaptación al medio, que de alguna manera la hace mejorar, es decir, la evolución desarrolló el instinto y la madurez sexual, en la que el cerebro dispara una cascada de hormonas que incitan al sexo opuesto de la propia especie ─recito acá, que los encontrones con individuos de otras especies o con individuos del mismo sexo, no repercuten en la evolución, si el individuo persiste en tales encuentros, su descendencia no aparecerá y por tanto, no es la evolución de que tratamos, parafraseando a Morris─ Dicha cascada de hormonas se ve recompensada con sólo ver o compartir con el individuo que se acecha y llega a su clímax al ejercer el coito, gracias a que la evolución, desarrolló con el tiempo en nuestros cuerpos, ciertas zonas extremadamente sensibles, tapizados de unos sensores llamados los corpúsculos de Krause-Finger que se encargan de recibir los estímulos sexuales, entre ellos, el punto G, ─zona en un lugar del sexo femenino donde pululan tales corpúsculos─ el ano, los labios, la vulva, la piel, los pezones...
Esas hormonas vienen con fechas de activación, lo que se espera se considere como madurez, pero no quiere decir que no puedan ser activadas antes de tiempo por estímulos externos. La madurez y el deseo sexual son cosas distintas. Por cierto, la naturaleza no se equivoca, el modelo de ensayo y error es constantemente corregido para permitir que los individuos más aptos permanezcan y tengan descendencia. El sexo es pues, una herramienta evolutiva y la recompensa que recibimos por él, son placer y anestésicos ─endorfinas─ Ya lo dijo Fuchs citado por Dröscher: "Dar a luz y educar a los hijos no constituye, desde un punto de vista puramente lógico, un asunto atractivo" y mucho menos una recompensa, aunque, me perdonan la intromisión poco científica, los padres se dan la pela con aquello de que "Es lo mejor que me ha pasado" "Es tan reconfortante" y cosas más melifluas, pero la concepción es necesaria a la evolución, esa mejora incluyó que el individuo humano requiriera más tiempo en la matriz y a su vez ésta obligo a la hembra humana a necesitar de una "ayuda" de la pareja para tener mayores posibilidades de supervivencia. No hay trampa evolutiva, la trampa es religiosa que pide dos imposibles: matrimonio y fidelidad. Me queda en el tintero lo que ocurre con el placer, las variables de éste y las repercusiones, pero eso no pertenece a este apartado, es harina de otro costal y en él lo refundiremos para contarlo.