domingo, 1 de enero de 2017

Sexo

El sexo es un poderoso avance evolutivo, ninguna gracia tendría reproducirnos como los hongos, para reproducir individuos clonados genéticamente iguales y sin muchos beneficios otorgados por la otra reproducción, la sexual. Bástese decir que los individuos que consideramos inferiores, se reproducen asexualmente y claro, nunca han escrito un libro de historia ni han hecho avances ni descubrimientos, o por lo menos no los han divulgado en revistas. Eso da a la sexualidad una preeminencia. Los seres que se reproducen sexualmente, evolucionan de una manera muy peculiar gracias a las leyes de Mendel y al descubrimiento de Darwin. ¿Qué lo hizo lo que es? Hoy día sabemos mucho del sexo, comparativamente hablando. No falta quien crea todavía que una paloma fecundó a una chica o que se puede quedar en embarazo al sentarse en un baño o incluso que un disparo puede traer semen infeccioso. Para referencias, léase "El hijo de los calzones" del "Testamento Paísa" de Agustin Jaramillo Londoño. La finalidad del encuentro sexual tiene como objetivo la reproducción de la especie y la mejora sucesiva, que si no, la adaptación al medio, que de alguna manera la hace mejorar, es decir, la evolución desarrolló el instinto y la madurez sexual, en la que el cerebro dispara una cascada de hormonas que incitan al sexo opuesto de la propia especie ─recito acá, que los encontrones con individuos de otras especies o con individuos del mismo sexo, no repercuten en la evolución, si el individuo persiste en tales encuentros, su descendencia no aparecerá y por tanto, no es la evolución de que tratamos, parafraseando a Morris─ Dicha cascada de hormonas se ve recompensada con sólo ver o compartir con el individuo que se acecha y llega a su clímax al ejercer el coito, gracias a que la evolución, desarrolló con el tiempo en nuestros cuerpos, ciertas zonas extremadamente sensibles, tapizados de unos sensores llamados los corpúsculos de Krause-Finger que se encargan de recibir los estímulos sexuales, entre ellos, el punto G, ─zona en un lugar del sexo femenino donde pululan tales corpúsculos─ el ano, los labios, la vulva, la piel, los pezones...
Esas hormonas vienen con fechas de activación, lo que se espera se considere como madurez, pero no quiere decir que no puedan ser activadas antes de tiempo por estímulos externos. La madurez y el deseo sexual son cosas distintas. Por cierto, la naturaleza no se equivoca, el modelo de ensayo y error es constantemente corregido para permitir que los individuos más aptos permanezcan y tengan descendencia. El sexo es pues, una herramienta evolutiva y la recompensa que recibimos por él, son placer y anestésicos ─endorfinas─ Ya lo dijo Fuchs citado por Dröscher: "Dar a luz y educar a los hijos no constituye, desde un punto de vista puramente lógico, un asunto atractivo" y mucho menos una recompensa, aunque, me perdonan la intromisión poco científica, los padres se dan la pela con aquello de que "Es lo mejor que me ha pasado" "Es tan reconfortante" y cosas más melifluas, pero la concepción es necesaria a la evolución, esa mejora incluyó que el individuo humano requiriera más tiempo en la matriz y a su vez ésta obligo a la hembra humana a necesitar de una "ayuda" de la pareja para tener mayores posibilidades de supervivencia. No hay trampa evolutiva, la trampa es religiosa que pide dos imposibles: matrimonio y fidelidad. Me queda en el tintero lo que ocurre con el placer, las variables de éste y las repercusiones, pero eso no pertenece a este apartado, es harina de otro costal y en él lo refundiremos para contarlo.

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