Tema escabroso y complicado ese de las raíces; me propongo develar como se mezcló en nosotros esa plaga ─consideración muy personal─ que se llama amor por el terruño o amor a la patria y que se refleja en una cantidad de capítulos de la vida. Ustedes saben que yo no puedo y no tengo la paciencia para leerme las mil teorías existentes sobre uno y otro tema y lo poco que he leído es lo que espero me sirva para dilucidar ese sentimiento o afán. Para simplificar nos vamos a los llamados animales superiores, cuyas raíces no incluyen la patria: un caballo, un elefante, una cebra al ser sacados de su entorno, les basta con que su nuevo entorno les permita las acciones esenciales: refugio y comida ─el sexo pasa a segundo plano como puede inferirse─ ya que prima el instinto de supervivencia sobre el del sexo y eso puede demostrarse: los animales no tienen sexo mientras se desarrolla un incendio o un terremoto. Dicho esto, los animales inferiores andan en una competa ausencia de patria o suelo, mientras donde estén se puedan desarrollar. El mismo ser humano, aunque haga chistes sobre ello, pierde la excitación frente al peligro, aunque haya casos especiales, tratados dentro de las parafilias. Bien, si Alex Halley hizo bien su trabajo, aunque los negros fueron sacados de su entorno africano, se adaptaron en unas cuantas centurias a nuevos territorios y nuevos climas y adaptaron perfectamente sus costumbres, sus dioses y su alimentación creando sincretizaciones de cada una de ellas: la santeria, el vudú y el candomblé en cuanto a religión; la yuca, el ñame y los bollos en cuanto a comida; los ornamentos, la escariación y el tatuaje en cuanto a tradiciones y ni que decir de sus sincretismos musicales, pero un estudio concienzudo deberá llevar a que también hubo un aumento de percusiones con la llegada de los esclavos. Punto aparte, estúdiese la cultura que se desee y el fuereño, obligado a serlo o no, sincretiza y trae de su tierra y amalgama con la nueva tierra a la que llega, dando como resultado este abigarramiento de costumbres y esencias y culturas que es la raza humana. Eso puede dar pie a nuestro primer intento de explicar las raíces como esa nostalgia de repetir lo que nos enseñaron nuestros padres y abuelos y sentirnos más a gusto con ello. Freud no podría estar más de acuerdo conmigo, la grabación del disco duro humano ocurre en la niñez, donde copiamos con afán las enseñanzas de los padres y donde aprendemos a comer lo que comen y a hablar como hablan y a creer en lo que ellos creen. Física y psíquicamente ese moldeo nos afectará por el resto de nuestras vidas. No me gusta redundar en terreno, pero los seres que requieren de coto de caza, lo marcan con orina o con mojones reconocidos como un claro, un río o una variación reconocible en el terreno , aparte que lo patrullan y lo defienden de intrusos, y consideran intrusos a quienes tienen las mismas costumbres y alimentaciones que ellos: un tigre no cree para nada que una gacela es intrusa y no necesito advertencias sobre que tigres y gacelas no son del mismo hábitat. Un chimpancé considera enemigo a uno de su misma raza, que no tiene el olor de la manada y que está disfrutando de una rica baya en territorios ajenos al suyo propio. La escaramuza no se espera, si alguno es descubierto corre a adentrarse en su terreno porque si es atrapado la pasará muy mal. No tengo idea y quiero hacerlo, si los pequeños grupos nómades se rehuían en la sabana o se aconglomeraban para ayudarse mutuamente. Una parte de mí quisiera que se demostrara tal camaradería, pero por alguna razón pienso que pasaría lo mismo que con aquellos chimpancés: Este se parece a mí, come lo que yo como, caza lo que yo cazo y puede tratar de apoderarse de mis hembras, esta no es conmigo: guerra declarada. Creo yo que uno de los mayores problemas de las fusiones de grupos es la reacomodación del estatus de cada cual. Pintadas están entonces las naciones y los patriotismos: un grupajo con idiosincracias particulares y estatus particulares que consideran únicos y en peligro frente a otras idiosincracias y estatus particulares. ¿Está lejos este pensamiento del que defiende unas raíces? Puede agregarse acá la visión de unidad de Harari: Personas pertenecientes a las mismas tribus, con las mismas costumbres y los mismos dioses, aceptaban más fácil trabajar entre sí, de ahí que el patriotismo sea una de las bases para que un estado se haga de adeptos y de fanáticos.