lunes, 14 de mayo de 2018

Viajar

El tónico de nuestra generación es ese, viajar. Los comerciales nos venden cientos de sitios paradisíacos para recorrer y volver en vacaciones; nos invitan a pedir el "si" en los países más románticos; las cadenas pseudo científicas te invitan a viajar y a descubrir el mundo "de nuevo". La invitación a la exploración y al descubrimiento ocupa un alto índice en el "deseo" del ser humano promedio, según la labia extendida de hoy; Cada país desarrolla un programa que engloba al "tourismo" al "tourista" y al "souvenir" y le da prelación, por ser un modelo económico simple: promocione su país como un punto turístico y aparecerá el dinero como por arte de magia, el turista trae dinero y mueve la economía. No puedo entrar en detalles técnicos con aquello de los males que puedan causar, porque no son motivo de esta entrada. ¿por qué viaja el ser humano? para pasear, para pedir la mano, para conocer, para explorar, para disfrutar de otros paisajes, para descubrir, para obtener conocimiento, por placer (comidas, licores y sexo diferente). Yo personalmente viajaría para aprender otro idioma en un sitio nativo del idioma, pero ¿qué pensaban nuestros antepasados de "viajar"? Dudo que alguno pensará en ir a "vacacionar" a un territorio vecino. Quedó muy claro en el hombre de Ngogo que tribus vecinas eran enemigas por muchas razones, aunque fueran de la misma especie y justo por eso: comer lo mismo y necesitar los mismos territorios y hembras no es agradable al grupo organizado jerarquicamente y a veces hasta sobraban algunos de los mismos individuos del grupo. Dudo que alguno de ellos pensara en seducir a sus hembras en un paradisíaco lugar más allá de las fronteras de su territorio o que alguna vez soñara en traspasar tales fronteras por gusto propio. Incluso pienso en un simio invitando a otro a comer unas bananas muy buenas que se dan en el otro continente y seduciéndolo con unos árboles más verdes, fuertes y acogedores que los de por acá o incluso con ríos de agua más benéficos para la salud y se me parte la cara de la risa. Se me hace complejo esperar que en las selvas primitivas un grupo de simios pensara en ir a conocer un idioma nuevo para relacionarse con otros o conocer otra cultura a la que debía adaptarse; para nada me suena el querer ir a comer perro y balut, cuando yo como hormigas santandereanas y patas de gallina, en serio, para que quiero ir a comer larvas de gusano o fugú crudo o jugo de ojo de oveja... El alimento no nos llevó a ser viajeros bajo mi lógica, no aplastante, pero si con compromiso. Sabemos que el nómade se movía en  tandem con el alimento, a la hora de cazar, debía buscar las manadas y a la hora de recolectar, debía hacerlo donde el alimento florecía. La supervivencia era un motivo fuerte, pero dudo que muy relevante. Donde se agotaban los recursos, abandonaban y caminaban unos 10 kilómetros para hallar otro paraíso y sólo en contadas circunstancias debieron caminar grandes distancias. No es de dudar que esa fue la manera como la especie humana pobló la tierra, en búsqueda de alimento y ventajas de subsistencia. A ese ritmo, cubrir una gran distancia, les habría llevado una eternidad y eso fue lo que pasó. No he visto huesos de neandertales en américa, ni de homo habilis. Bien entendido está que el viajero más fuerte fue el homo sapiens y que aún lo es, aunque ya no tenga más que las razones esgrimidas por la propaganda. Salir de la comodidad del hogar, adaptarse a un entorno diferente, conocer gente diferente, aprender una cultura diferente, no era para nada atractivo y por eso, para empresas fantásticas se buscaba aventureros, ladrones o exilados. Si una manada crecía mucho debía buscar un nuevo entorno y subdividir la manada y dudo que se fuera el macho dominante; un macho beta renegado podía tomar un grupo o una sola hembra y hundirse en la selva de un nuevo territorio. Los exilados de la manada podían unirse para un fin común, como el pasar a otro territorio, dudo que a la conquista -es un paso más adelante en la evolución- de tal unión podía resultar una nueva manada. En fin, lo que llego a decir es que viajar no es cómodo, ni práctico, ni relajante, ni estimulante. Llegar a un destino, casi siempre, es aceptar lo que ese destino te ofrece en comida y ambiente y para aquellos que no distinguen un pastel de rata de una hamburguesa, está bien. Para quienes pueden conciliar el sueño en cama ajena lejos de sus seres queridos, está bien. Para los que no tienen problema en doblegar su cultura a la cultura que reciben está bien. Para quienes no les importa si es su baño, su espejo, su crema dental y su cepillo sigue estando muy bien. Para los demás, escribir este artículo evolutivo contra el salir del terruño y creer en él. No nos queda más remedio.

La voz gruesa del hombre

No debemos dudar que la división de las tareas en el albor de los tiempos, nos lanzó en direcciones diferentes, evolutivamente hablando. Un hombre desarrolló más músculos porque necesitaba cazar mientras las mujeres más cadera para dar a luz. Quien se quedó con un largo embarazo y una crianza larga por culpa de levantarnos del suelo -disminución y mala posición del canal de parto obligan a nacer antes y con menos desarrollo, como consecuencia se pasa más tiempo de bebé incapacitado- y poseer el gameto interno, desarrolló unas cualidades y habilidades bien distintas al que, también se levantó del suelo, también utilizó en otras formas sus brazos, pero poseía el gameto masculino autoexpulsante. Es muy claro que desarrollar una hormona capaz de dar forma a todo aquello, no fue un salto evolutivo, fue una situación de milenios que moldearon, tanto las formas de ser como las características de cada par de la especie sapiens. Así podemos notar una voz aguda y protuberancias pectorales o una voz gruesa y ensanchamiento del tórax en el sapiens adulto, que ya muestra un elevado dimorfismo sexual. Pero ¿Por qué desarrollamos una voz más grave? La necesidad de gritar y coordinarse durante la caza, pero eso nos diría que la voz femenina es inútil para organizarse y es completamente falso si sabemos que las damas organizan colonias de feminismo, antimachismo y que su labia es más poderosa que la nuestra. Asumir que el alcance era muy importante, dejaría a las mujeres cazando porque la voz grave tiene poco alcance. Eso me queda por demostrarlo desde las ondas sonoras, pero en los experimentos que hice con voces, captamos más fácilmente las agudas que las graves. Uno diría que susurrar en la caza, era más útil que gritar y debimos desarrollar una voz difícil de detectar, pero tampoco me convence tal situación. ¿Que tal si no fue durante la caza que desarrollamos tan divino tono? Es para muchos claro que nuestro cuerpo por tamaño, emite un tono más grave y es también porque las cuerdas vocales masculinas son más largas y no pondría en duda que a eso ayuda la protuberancia masculina o "nuez de Adán". Si emitimos una señal grave, nuestras posibles parejas detectaran nuestro sexo y nuestra salud y posibilidad de descendencia. Eso no me asombraría, hemos desarrollado muchas características con el único propósito de demostrar nuestra salud y acceder a las hembras, pero se me ocurre lo siguiente: Prueben a ver una película de terror sin sonido o colocándole voces agudas a los personajes y notarán un cierto cambio en todo el conjunto. Los sonidos graves nos dan escozor y ese experimento está más que comprobado. Ninguna película de terror usa voces agudas para sus personajes -Freddy Kruger o Jason hablando como el pato Donald jamás- ni voces gruesas para sus personajes infantiles. El león y el tigre no intimidarían con la voz de Sailor Moon. James Bond no sería el conquistador que es, si Fleming le hubiese dado la voz de Lara Croft. Esto me lleva a pensar que el premio evolutivo se lo llevaba quien asustaba más a sus enemigos sin exponerse y esto llevó a pensar que la voz grave y gruesa era viril y una retroalimentación de lo mismo por años llevó a mejorar las hormonas en su poder de caracterización y hoy, tener una voz gruesa es sinónimo de virilidad, de madurez sexual y de prominencia, ofrece -no está muy claro porque aún hoy subsiste tal característica- seguridad y confianza, e incluso respeto. Puede que cada una de estas teorías por separado no exprese la evolución de la voz, pero en su conjunto, quedan una buena cantidad de teorías explicativas.

PS: Algunos alegaran que nueve meses son más que suficientes para que un humano salga desarrollado, pero la complejidad de nuestro cerebro discute lo contrario y no todos tenemos la virtud del viejo Lao. 

La ira

Toca pensar como es que la ira se apoderó del ser humano, o por lo menos donde se produce o cual es su razón evolutiva. Primero nos toca definir que la ira es un estado de desaprobación y de frustración. Algo no nos gusta y además tampoco podemos cambiarlo y eso provoca una descarga en el cuerpo de sustancias estresantes como la adrenalina, el cortisol, el glucagón y otras. Cada una de ellas se encarga de preparar al cuerpo para una rápida respuesta, es decir, de proporcionarle energía para la labor a realizar. Una revisión rápida de la información en línea les pondrá al día con todas las funciones de esas hormonas. La ira es un reflejo inconsciente y eso nos lleva a pensar que su desencadenamiento está registrado en una subrutina. Cuando ella aparece, literalmente nos desconectamos de nuestro propio ser para ser uno muy diferente. Es muy probable que la ira se produzca como un sistema de defensa, que nos hace ver más agresivos de lo que en realidad somos y por eso gritamos, pataleamos, nos tensionamos y nos hinchamos -en conjunto un animal gruñe, muestra los dientes y aparenta ser más grande- lo que podría evitar la confrontación y salvar vidas. Si la cosa no es más lejana podemos decir que es parte del reflejo huye-pelea. Si nuestro cuerpo se prepara para un ataque, optará primero por evitarlo y la ira puede mostrarle a su enemigo que es un adversario peligroso y salvar el pellejo sin combate, si el agresor no se muestra muy intimidado, toda esa energía puede pasar a ser usada como contramedida de escape. Si tal ira no se desencadena, el desequilibrio hormonal genera una tensión o descompensación. Imaginad una liebre que divisa un león, pero que aún no ha sido descubierta, se queda quieta y su mecanismo de defensa libera adrenalina que prepara su cuerpo para la huida, pero el león no la descubre y la liebre se queda con toda esa intencionalidad. ¿Nada agradable cierto? ¿Cuándo desarrollamos ese comportamiento defensivo? Al parecer es un modelo usado por muchos animales y por eso algunos pretenden achacarlo al sistema límbico -refiérese a un cerebro primitivo de mamífero y no a la corteza de más reciente aparición en el homo- y dar ese como el punto de origen de las emociones. En ningún caso nuestro cerebro nuevo deja de trabajar para cederle paso al más antiguo, es más, es el hipocampo quien envía a los mensajeros químicos a desatar el infierno hormonal que activa la ira pero es probable que aquel tome las riendas del sujeto por un lapso y refleje cosas que el individuo prefiere guardar bajo llave. Al parecer los experimentos realizados con la estimulación eléctrica de la amígdala, avalan la teoría de que la residencia de la ira está en esa dirección, como también la del miedo y la del instinto sexual. En conjunto, pues, la ira es un mecanismo de defensa, aparecido antes de que ocupásemos las selvas y por tanto podemos decir que nos es innato -evolutivamente hablando es anterior al homo sapiens- si su función permanece hoy día, se debe a que sigue siendo muy efectiva para evitar conflictos físicos, para huir de ellos  y a veces resulta beneficiosa en el sentido del repentismo o del grito primal. Desahogarse gritando parece tener una lógica perversa, pero sabemos que da resultado y así la liebre puede recuperar el equilibrio sin sufrir de estrés.

PS: No está por demás agregar que nuestro cerebro parcelado en tres estructuras: El complejo R donde, asumimos, reside mucho de lo instintivo: comer, respirar, caminar, sobrevivir; el sistema límbico, compuesto por un cerebro de mamífero -la amígdala y el hipocampo son parte de él- también instintivo, maternal y protector -no es raro que le achaquemos las emociones- y un cerebro de nueva formación, llamado neocórtex donde, sin mucha explicación, ponemos la razón y el pensamiento. Sin Dejar de lado que al parecer nuestra razón se nubla en los momentos de ira, se explica la conexión del sentimiento agresivo con el sistema límbico. Se ha demostrado que lesiones en la amígdala pueden provocar reacciones extremadamente agresivas y la pérdida del miedo con todas sus implicaciones. 

domingo, 6 de mayo de 2018

La religión y la arreligión

En alguna parte de la historia debió aparecer la creencia y ésta derivó en el mito, pero ¿podría yo con mis pocas herramientas decir donde pasó y más que nada, averiguar si el ateísmo es una ciencia nueva? La intención no consiste en deducir  tal situación con la historia, sino con la prehistoria. Lo que está escrito nos llena de seguridad. Las tablillas babilónicas de la epopeya de Gilgamesh y el Enuma Elish; La teogonía de Hesíodo e incluso los poemas Homéricos. La torá del judaísmo, los rollos de Qumrán y las concepciones bíblicas de después de cristo e incluso las Eddas recopilatorias y el libro Maya Popol Vuh, aunque alterado por esos falsos traductores que fueron los monjes españoles, constituyen una prueba de las creencias y de la fe en un dios omnipotente, inmortal, justo y demás. Todas esas muestras de erudición comprueban que había creyentes y que en un momento determinante de la historia como el de la invención de la escritura, había que dejar un precedente y así fue. Las pruebas arqueológicas dicen que hay tumbas de 60000 años de antigüedad, si tal cosa es cierta, podríamos estar ante uno de los rasgos más decisorios del homo, su religiosidad, su creencia en una parte inmortal o por lo menos en la ritualización, en el deseo y la necesidad de que sus muertos habiten un lugar especifico, lo que ya se consideraría un culto y de allí tendría que partir todo ese entramado de cosmogonías y de dioses sin fin. No quiero adentrarme más de lo necesario en esas raras pseudo ciencias, pero el hombre sin conciencia, y me refiero a esa especie de sentimiento humano de que somos algo, esa parte de nuestro cerebro que nos repite lo importante que somos y que nos permite darnos cuenta de nuestro ser y del de los demás -fui casi hetéreo como los parapsicólogos- no habría llegado a los dioses y a los ritos. Es la conciencia la que nos lleva a la oscura creencia de que valemos algo y por ende que nuestros congéneres valen también como iguales -alguien se enojará conmigo si digo que el universo no se inmuta por la desaparición de un ser humano, es más ni siquiera se inmutaría si desapareciera todo el planeta tierra y aún el sistema solar o la galaxia entera- y por tanto aún con un lenguaje precario, decidimos volcar los restos de nuestros parientes y amigos en sitios conocidos para continuar visitándolos ¿A quién? ahí está la sabiduría popular y el miedo y las imaginerías que dan luz verde a una entidad adosada a la materia, que tiene la capacidad de sobrevivrle a aquella -el alma, el doble, la energía, el ki, la psyque aristotélica- y que se salva ¿en dónde? pues en un sitio donde no haya tantos sufrimientos como en esta tierra y al que llamaremos "cielo" por lo alejado y bello que se ve de nosotros, aunque bien el cielo podría ser le champs elysees o "las praderas del cielo" donde abunda la caza o ese lugar mítico que es el Valhala donde nunca se acaban el trago y la comida y bueno, debe haber un castigo para quienes no se porten bien -al que no respete las reglas- y cual mejor que el fuego al que tanto temían, así que nuestros "infiernos" serán ardientes y desolados, el centro de un volcán o ríos de fuego que le envuelven,  o helados como lo que tanto temían los escandinavos, todo lo que atormente al hombre se vuelve la parte siniestra que debe ser promovida por un artífice al que le dicen Diablo, Loki, Lucifer, Vulcano, Hell, Tiamat y cuya morada es el mismísimo infierno. Las explicaciones lógicas desaparecen y se cubren con el manto religioso, donde todo lo bueno es el dios bueno y sus castigos por la maldad y por eso explicamos el rayo, la lluvia y las tormentas, el sol y la luna, la tempestad y la cosecha y a cada una le asignamos una deidad y a cada una un rito de apaciguamiento. La comunicación de los antiguos pobladores por medio de invasiones, logró que muchas cosas fueran copiadas: la proveniencia del caos, tanto en egipto como en grecia y en la cristiandad se usa un caos primigenio; como el ser que es inmortal por todo lado excepto por uno especifico: Sosryco la rodilla, Sigfried la hoja de tilo, Sansón el cabello, Aquiles el talón; la trinidad hebrea, la trinidad cristiana, Zeus, Hades y Poseidón, Osiris, Isis y Horus; padre, hijo y espíritu santo, Shiva, Visnú y Krishna o que hubiera una escolta de doce apóstoles y en el olímpo fueran 12, como doce son los de Tiamat, Nada raro que compartan una mujer virgen y diosa de la fecundidad: Artemisa, Isis, María, Ishtar, Astarté e incluso que alguno haya vendido su primogenitura por una sopa de lentejas: Esaú a Jacob e igualmente Cronos a su hermano Titán... Con tantas analogías olvidé mencionar que toda creencia tiene un detractor y desde el principio mismo de las religiones, una o varias personas renegaron de ella. La sociedad los aislaba, los despreciaba o los quemaba en los fuegos de la inquisición, pero el "ateo", el atrevido, el irreverente y arreligioso, es inherente a la religión y por tanto nace con ella y hoy que sostienen libertad de culto -que debería ser ausencia de culto- proliferan aquí y allá. Debieron ser pocos porque ir contra la manada repercutía en ser expulsado de ella, pero siempre hay un incrédulo, ateo, loco y pesimista que cree que de eso tan bueno no dan tanto.







martes, 1 de mayo de 2018

El llanto

Podemos estar seguros de que el único animal que llora es el ser humano y eso me lleva a una pregunta ¿por qué? Aunque dice la infalible red que muchos animales lloran, no me trago tal patraña y no me asusta entrar en demostraciones. Claro, lo mejor sería definir lo que es el llanto y en definitiva el llanto no se refiere a la lubricación del ojo por necesidad, sino a un acompañamiento del sentimiento de pérdida, tristeza, dolor o alegría con una hiperhidración ocular. Un elefante llora cuando "comprende que no puede huir de sus perseguidores" o un oso "cuando ha llegado su última hora" o el arce "llora cuando se ve atrapado por sus cazadores" implica más que "entender" y "saber" o "intuir" cosas más allá del conocimiento de un animal. Creo que tienen lagrimales y que por una u otra razón entraron en función. A la fecha no ha sido demostrada la inteligencia cercana al devenir y planear el futuro en cielos o prisiones que pueda tener el animal y sólo el homo sapiens se ha podido adjudicar el dudoso cielo compensatorio. Lo que si podemos decir es que los mamíferos tienen un aparato lacrimal y que la función del mismo es la limpieza de la superficie del ojo, su lubricación y la nutrición de la córnea en su parte externa. Debimos desarrollarla, casi al tiempo que el órgano mismo. Esas primeras células que desarrollaron foto detección, tal vez no se hicieron mejores y más susceptibles hasta que el paso de algunos peces a la tierra y su consecuente regreso al mar, según tenemos entendido para explicar la existencia de mamíferos en el océano, logró dotarla de un sistema de limpieza y alimentación y de protección. El caso no corresponde sino a la evolución del llanto que es una virtud de quienes tienen glándulas lagrimales y en este caso es el hombre quien nos presenta la curiosa manera de sentirse deprimido o muy alegre y liberar agua salada por los lacrimales. Por alguna razón la fuerte emotividad, hace que los ojos se afecten y los lagrimales se activen. Permitan que su sala de experimentos se abra y vean llorar un bebé. Es el primer sistema de defensa conocido, se lo enseñaron al nacer con la palmadita aquella y de allí su único sistema de defensa hasta muy entrada la edad es el llanto, aunque si me permiten, este llanto es bastante seco y aunque falta mucho por experimentar, habría que fijarse si están ya lo suficientemente desarrollados tales sacos lagrimales para dar al traste con un buen llanto, y si encontramos que si lo están, el llanto con lágrimas sería un refuerzo visual para mostrar tristeza, es decir, una manera más de llamar la atención hacía sí. ¿Por qué salen lágrimas cuando estamos tristes o conmovidos? No tengo ni la menor idea, mi mejor explicación sólo acierta a reforzar la teatralidad humana y en el mejor de los casos a inferir que ciertas sensaciones como la tristeza y la alegría extrema, relajan los conductos lagrimales que acentúan tal teatralidad.

La barba

Pensar en que momento aparece la barba es una osadía a la que me atrevo porque dudo que alguien estudie tal cosa, aunque hay estudios sobre la barba. Es obvio que si hablamos de evolución, aceptamos una teoría evolutiva que nos pone en el mismo árbol genealógico que los simios y chimpancés y la barba aparece, cuando desaparece el pelo, antes se llamaba pelo en todas partes del cuerpo, pero al perder nuestro ropaje de pelo -algunos aún no lo hemos perdido del todo, lo que demuestra nuestra ascendencia- empezamos a llamar a esos resquicios de pelo, de diferentes maneras y eso ocurre, tal vez un poco antes del sapíens sapiens. Ya el sapiens, en palabras de Desmond Morris, es un "mono desnudo" y dudo que alguien se rasurara en aquella época. Esa pelambrera nacida en la barbilla, debió convertirse en símbolo de hombría porque sólo le crecía a los machos testosteronudos y desde allí la selección artificial se encargo de que cada vez los hombres tuvieran más y las mujeres menos. Camuflaje de caza, protección solar, apariencia de mayor tamaño para desanimar a otros machos... Por algo se exhibían esos penachos invertidos como muestra de virilidad y atractivo y la barba denotaba hombría. Tener poco pelo o no tenerlo, ya fuese en la barbilla, en el pecho o en las partes pudendas, era un símbolo de falta de madurez, Así que exhibir aquellas vellosidades era, definitivamente, un punto a favor de la conquista del ser del otro género. (Hoy día, si hemos de ser claros, se considera una falta de higiene, un descuido personal o un hippie fuera de época). Las incipientes armas de filo, diríamos que eran inútiles o casi inútiles, contra el vello facial y como no estorbaba -quien haya tenido barba larga puede asegurar lo contrario- no había quien la quisiese retirar, aunque no falte el metro sexual o la Coco Chanel que tome la decisión de arrancarse esos pelos por la fuerza o con algún método chamánico. No debemos olvidar las plagas que proliferan en el pelo y el hombre no es la excepción, así que en algún momento hizo uso de sus herramientas para atentar contra su quijada. Los animales hacen un estudio cuidadoso y se aplican gusanos milpies con toxinas que matan a esos bichos o se restriegan en el barro para evitar los molestos mosquitos. De allí pudo surgir la práctica de la depilación y el afeitado, usando capas de barro puede perderse una capa capilar levemente y usando rocas abrasivas también. No dudo de tal práctica por higiene y no nos asombran nuestros Nukak Maku en cuyos miembros la práctica de la depilación es un hábito de higiene que la selva exige. Aparecido el bronce y el hierro se logran avances en el rasurado, pero aún es penoso e impráctico, aunque hacen su agosto los vendedores de pócimas o ungüentos depilatorios y chamanes de turno. La barba fue símbolo de estatus y leyendas cuentan que se cobraba con barbero en mano, es decir, si no paga, le quitamos su hombría -la barba- y las clases de fisiognomia aducen que un hombre cuya barbilla no es prominente se ve "pusilánime", pero la barba puede cubrir tal defecto, mostrando gallardía y tal fenómeno impreso en nuestros cerebros se debe a que vimos "gallardo" al hombre con barba. Quede pues que de todo el pelo que perdimos nos quedó alguno al que le dimos el nombre de barba.