Toca pensar como es que la ira se apoderó del ser humano, o por lo menos donde se produce o cual es su razón evolutiva. Primero nos toca definir que la ira es un estado de desaprobación y de frustración. Algo no nos gusta y además tampoco podemos cambiarlo y eso provoca una descarga en el cuerpo de sustancias estresantes como la adrenalina, el cortisol, el glucagón y otras. Cada una de ellas se encarga de preparar al cuerpo para una rápida respuesta, es decir, de proporcionarle energía para la labor a realizar. Una revisión rápida de la información en línea les pondrá al día con todas las funciones de esas hormonas. La ira es un reflejo inconsciente y eso nos lleva a pensar que su desencadenamiento está registrado en una subrutina. Cuando ella aparece, literalmente nos desconectamos de nuestro propio ser para ser uno muy diferente. Es muy probable que la ira se produzca como un sistema de defensa, que nos hace ver más agresivos de lo que en realidad somos y por eso gritamos, pataleamos, nos tensionamos y nos hinchamos -en conjunto un animal gruñe, muestra los dientes y aparenta ser más grande- lo que podría evitar la confrontación y salvar vidas. Si la cosa no es más lejana podemos decir que es parte del reflejo huye-pelea. Si nuestro cuerpo se prepara para un ataque, optará primero por evitarlo y la ira puede mostrarle a su enemigo que es un adversario peligroso y salvar el pellejo sin combate, si el agresor no se muestra muy intimidado, toda esa energía puede pasar a ser usada como contramedida de escape. Si tal ira no se desencadena, el desequilibrio hormonal genera una tensión o descompensación. Imaginad una liebre que divisa un león, pero que aún no ha sido descubierta, se queda quieta y su mecanismo de defensa libera adrenalina que prepara su cuerpo para la huida, pero el león no la descubre y la liebre se queda con toda esa intencionalidad. ¿Nada agradable cierto? ¿Cuándo desarrollamos ese comportamiento defensivo? Al parecer es un modelo usado por muchos animales y por eso algunos pretenden achacarlo al sistema límbico -refiérese a un cerebro primitivo de mamífero y no a la corteza de más reciente aparición en el homo- y dar ese como el punto de origen de las emociones. En ningún caso nuestro cerebro nuevo deja de trabajar para cederle paso al más antiguo, es más, es el hipocampo quien envía a los mensajeros químicos a desatar el infierno hormonal que activa la ira pero es probable que aquel tome las riendas del sujeto por un lapso y refleje cosas que el individuo prefiere guardar bajo llave. Al parecer los experimentos realizados con la estimulación eléctrica de la amígdala, avalan la teoría de que la residencia de la ira está en esa dirección, como también la del miedo y la del instinto sexual. En conjunto, pues, la ira es un mecanismo de defensa, aparecido antes de que ocupásemos las selvas y por tanto podemos decir que nos es innato -evolutivamente hablando es anterior al homo sapiens- si su función permanece hoy día, se debe a que sigue siendo muy efectiva para evitar conflictos físicos, para huir de ellos y a veces resulta beneficiosa en el sentido del repentismo o del grito primal. Desahogarse gritando parece tener una lógica perversa, pero sabemos que da resultado y así la liebre puede recuperar el equilibrio sin sufrir de estrés.
PS: No está por demás agregar que nuestro cerebro parcelado en tres estructuras: El complejo R donde, asumimos, reside mucho de lo instintivo: comer, respirar, caminar, sobrevivir; el sistema límbico, compuesto por un cerebro de mamífero -la amígdala y el hipocampo son parte de él- también instintivo, maternal y protector -no es raro que le achaquemos las emociones- y un cerebro de nueva formación, llamado neocórtex donde, sin mucha explicación, ponemos la razón y el pensamiento. Sin Dejar de lado que al parecer nuestra razón se nubla en los momentos de ira, se explica la conexión del sentimiento agresivo con el sistema límbico. Se ha demostrado que lesiones en la amígdala pueden provocar reacciones extremadamente agresivas y la pérdida del miedo con todas sus implicaciones.
PS: No está por demás agregar que nuestro cerebro parcelado en tres estructuras: El complejo R donde, asumimos, reside mucho de lo instintivo: comer, respirar, caminar, sobrevivir; el sistema límbico, compuesto por un cerebro de mamífero -la amígdala y el hipocampo son parte de él- también instintivo, maternal y protector -no es raro que le achaquemos las emociones- y un cerebro de nueva formación, llamado neocórtex donde, sin mucha explicación, ponemos la razón y el pensamiento. Sin Dejar de lado que al parecer nuestra razón se nubla en los momentos de ira, se explica la conexión del sentimiento agresivo con el sistema límbico. Se ha demostrado que lesiones en la amígdala pueden provocar reacciones extremadamente agresivas y la pérdida del miedo con todas sus implicaciones.
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