Turno para la voluntad. No pretendo entrar en controversia sino mostrar la manera como ha actuado la voluntad y como actúa en la actualidad y nada tiene que ver esto con un desarrollo filosófico de la existencia o de la voluntad. No es pues, la voluntad de levantarme de una silla o de mover una mano, que si mis músculos están bien podrán hacerlo a voluntad del cerebro, pero tampoco se trata de si cada acto requiere de una orden de decidirse porque la cosa se va ad infinitum ya que se requiere además una orden para decidir decidirse y así. La voluntad aparece en la humanidad ya desarrollada y 200 mil años son un apéndice de toda voluntad. Yo escribo porque quiero y puedo, es mi voluntad. Yo le dejo a mis hijos un legado de ideas, es mi voluntad. Yo tengo la voluntad de ayudar en algo al pensamiento humano. Mis pulmones y músculo cardíaco trabajan aún en contra de mi voluntad. Pero la voluntad como ejercicio, como instinto, tiene que ser vista evolutivamente. La humanidad no se desarrolló por voluntad, lo hizo por instinto y a ese instinto no se le puede llamar voluntad. Lo que nos ayudó en las selvas fue huir de los predadores, eso no es voluntad; Lo que provocó nuestra expansión fue tratar de hallar sitios mejores para vivir, huir de los hielos, no era curiosidad, no era voluntad, era simplemente instinto de supervivencia. Lo que provocó que el homo evolucionara en erectus y habilis no fue voluntad, fue necesidad, adaptación, defensa, instinto. Lo que hace que la humanidad se multiplique no es voluntad, de nuevo es instinto. hoy el sexo es por voluntad y a voluntad, en los animales ─somos bestias─ es un impulso, bien camuflajeado por la evolución en términos de dopaminas y pseudo recompensas. Lo que logra mantener la raza humana en el pináculo alimenticio y del poder, no es la voluntad, es su expansión en el globo. Suficiente ilustración. Lo que llamamos voluntad, es la expresión de la propia conciencia en cuanto a lo que queremos o no queremos hacer, en cuanto al deseo, ¿en cuanto a cultura? ¿en cuanto a entorno? Hasta ahí llegó la voluntad que está limitada por todos los escenarios posibles, cultura, raza, población, educación, entorno. ¿Decidir "si" o "no" como plantea Savater? ¿Qué clase de voluntad es esa tan limitada? ¿Decidir rezar? ¿Decidir el tipo de mujer que te gusta? ¿Decidir a que dios rezar o que música escuchar? Eso no es voluntad, es el ejercicio de libertad que propone el entorno, la voluntad está dentro de la lógica, no eliges ir al baño sin que aparezca el deseo, pero si hay una enfermedad por medio, la voluntad ya no parece tan voluntad y en un mundo "civilizado" donde los medios y las modas te imponen la voluntad de decidir que usar o que "desear" la voluntad es cada vez más escasa. Dejemos ahí. No es mi columna de improperios. La voluntad entendida como ejecución del deseo no aparece en la humanidad hasta después de adormilados sus instintos, en los que, sin una pulsión demasiado fuerte hacía la "lógica", busca una manera de realizarse y sentirse en la plenitud de su evolución y le llama a tal recurso "voluntad". Tengo la voluntad de no tener sexo, la voluntad de no alimentarme, la voluntad de no hablar con nadie, la voluntad de acabar con mi existencia, la voluntad de dejarme morir, de no beber, pero la del instinto casi siempre es más fuerte. Voluntad, es un término para referirme a deseos y a escogencias, que aunque ya vimos no son tan "libres" como pudiéramos pensar, implican un grado de elección que parece personal, pero sabemos también que el equipo que quieres no es precisamente porque lo elegiste, que la religión que profesas no te dio otra elección, que la manera de aceptar el paso de la juventud a la adultez es la manera de tus padres, que tus hijos y familia fueron necesariamente los de tu entorno y a veces, hasta los que, en alguna forma se parecen a ti. ¿cuántas cosas queremos de manera intencionada? ¿cuáles de ellas realmente han sido planteadas por nuestra mente? La intención de adelgazar no es más que la impronta dejada por la estética reclamada socialmente. La der wille zur macht Nietzschiana ─entendida literalmente─ no es otra cosa que el camino que se traza el alfa para alimentar el ego. La voluntad santa de Kant dominada por la razón se parece más al instinto. La desobediencia civil de Thoreau, es un llamado a no dejarse pisotear provocado también por el instinto. La cosa en sí Schopenhaueriana denominada esencia misma no es esencia ni es nada porque el único camino posible de una "cultura" es el recorrido del sendero hasta el final del camino. Y, tal camino no es diferente al de otras especies, aunque la voluntad hilada con la razón parece llevarnos por un camino diferente, no hay tal. Me disculpo por meterme con la filosofía occidental. Dejando ahí del todo, queda así planteada la voluntad.
viernes, 23 de junio de 2017
viernes, 16 de junio de 2017
Nombres y apellidos
Seguro que si busco encuentro, pero para mí es más gratificante pensar y por eso viajo en mi imaginación a la creación del lenguaje para ver si desentraño el papel que cumplen y la aparición de los nombres propios. Si me rajo, mi legado perdurará en red por algún tiempo y el ejercicio mental que realizo, no dejará de serme gratificante por ello. Es claro que sin algún tipo de idioma, referirse a un tercero o a uno mismo es bien difícil, a no ser que con la mano, en modelo supremo de yoísmo, nos señalemos o señalemos a ese otro y, eso ya debió hacerlo el hombre que se paraba en dos patas hace tres millones de años. Tampoco dudo que la aparición de los patrones psicológicos dependan de ese mismo "yo" que nos hace aparecer como "individuos" y ese "otro" que es también "individuo". Sin "yo" no puede existir el hombre actual y ya ese acto de surgimiento del "yo" es, definitivamente, un rasgo de megalomanía. Debo centrarme es en la necesidad de nombrar al otro para identificarlo y es de esperarse que también en las cuevas paleolíticas se hiciera referencia a los rasgos más relevantes del individuo: "el cojo" "el de la cicatriz acá o acuyá, el gordo" -dudo que hubiese superávit de calorías en esas oscuras épocas, pero es un ejemplo válido- y que al hacerlo mostraran con sus manos tal cualidad, así que nuestros nombres surgen de la necesidad de identificar a un individuo y de individualizarlo, no importa que aquello viniese más de un lenguaje corporal que de otra cosa. El lenguaje hablado, no importa su guturalismo, consonantismo y oclusivismo glotal, podía llamar a un individuo "grrr" o "kff" o "shhhh" y reconocerlo como una cédula y no tener que repetir tal guturalismo hasta pasadas varias décadas o incluso varias centurias. La proliferación humana obligó a dar nombres a las personas importantes -tener un nombre era ser alguien, el individuo del común no lo necesitaba- y tal nombre significaba algo en el idioma asignado: "hijo de la mañana", "lucero del alba", "conquistador de sueños", "matador de extranjeros" en fin, entiéndase, cada nombre traía su significado adjunto, no ponían a Felipe por ponerlo Felipe, sino por que, en algún momento mostró su amor por los caballos. ¿Quién es ese joven que hay allá? El que adora caballos. ¿Ahh Filípides? Eso, Pipe. El mayor crecimiento poblacional nos obligó a usar -falta de erudición o de ingenio- nombres repetidos y darle a aquel la ayuda, para identificarlo, de un pater o de una filiación con un pater. Felipe el hijo de Jacobo y ahí cada cultura se extralimitó creando sus propios finales que significan hijo de o afiliado a (Ez español, ov ruso, O' irlándes, Mc escocés, Ida griego, son anglófono...). Felipe Jacobida, Felipe Jacobez, Felipe McJacobo, Felipe O'jacobo o Felipe Jacobovitch. Otras culturas prefirieron usar la profesión: escribano, zapatero, herrero, escudero, guerrero o la provincia o región a la que pertenencia, es decir, el topónimo: Felipe De Vinci, Felipe de Estágira o Felipe de Crotona y hasta Felipe el hijo de Jacobo el de Marinilla. O un lugar de la provincia de donde venía: Del río, De la torre, Del Castillo, De la montaña. (Puede parecer sólo una coincidencia, pero para nombrar en Colombia a los miembros de una banda usamos su filial con ella: Jaime el vocal de GP, Camilo bateria de Punkies o simplemente Jaime GP, Jason Agnatos, Jaime Athanator o Carlos Neus) o cualidades rubio, delgado, lozano, moreno. Se entiende por extensión la necesidad de usar un segundo nombre o un segundo apellido y la consecuente desaparición de la relación entre el nombre y el oficio o la ciudad natal o la filiación, ahora el nombre es una necesidad y en general, no significa sino que a los padres o padrinos les gustó un determinado nombre para zampárselo a un pobre individuo que deberá cargar con él por el resto de sus días junto con el patronímico o matronímico, a menos que se meta en el engorroso proceso de cambiárselo. La fuerza machista de los primeros años de desarrollo, casi obliga a usar primero el apellido paterno, pero eso es una tontería que podemos abolir hoy y el vicio de poner a los hijos con nombres extranjeros cuya etimología y cuya escritura desconocemos, proviene de la ignorancia absoluta de la necesidad de un nombre digno y acorde, tanto como de la ignorancia de tal etimología y tal escritura. Quisiera poner un punto a favor y en contra de las traducciones de los nombres. Uno se llama Jaime López y en Japón seguirá llamándose igual, con la correspondiente pronunciación: Yaime Ropesu -con r suave y sin la e final y para el caso de que lo lean- pero no podemos evitar que todos los idiomas se hayan desarrollado de uno principal, el protoindoeuropeo y de allí que Fredd y Peter sean Pedro o Filípedes, Phillipe o Phillip sean Felipe o que Jacobo, Jacob -léase yeico- y Jaime sean versiones del mismo nombre. ¿Me entienden? si usted se llama queso, queso se llama en cualquier idioma, pero queso es Cheese en inglés y Fromage en francés, pero nadie tiene derecho a cambiarle el nombre.
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