En alguna parte de la historia debió aparecer la creencia y ésta derivó en el mito, pero ¿podría yo con mis pocas herramientas decir donde pasó y más que nada, averiguar si el ateísmo es una ciencia nueva? La intención no consiste en deducir tal situación con la historia, sino con la prehistoria. Lo que está escrito nos llena de seguridad. Las tablillas babilónicas de la epopeya de Gilgamesh y el Enuma Elish; La teogonía de Hesíodo e incluso los poemas Homéricos. La torá del judaísmo, los rollos de Qumrán y las concepciones bíblicas de después de cristo e incluso las Eddas recopilatorias y el libro Maya Popol Vuh, aunque alterado por esos falsos traductores que fueron los monjes españoles, constituyen una prueba de las creencias y de la fe en un dios omnipotente, inmortal, justo y demás. Todas esas muestras de erudición comprueban que había creyentes y que en un momento determinante de la historia como el de la invención de la escritura, había que dejar un precedente y así fue. Las pruebas arqueológicas dicen que hay tumbas de 60000 años de antigüedad, si tal cosa es cierta, podríamos estar ante uno de los rasgos más decisorios del homo, su religiosidad, su creencia en una parte inmortal o por lo menos en la ritualización, en el deseo y la necesidad de que sus muertos habiten un lugar especifico, lo que ya se consideraría un culto y de allí tendría que partir todo ese entramado de cosmogonías y de dioses sin fin. No quiero adentrarme más de lo necesario en esas raras pseudo ciencias, pero el hombre sin conciencia, y me refiero a esa especie de sentimiento humano de que somos algo, esa parte de nuestro cerebro que nos repite lo importante que somos y que nos permite darnos cuenta de nuestro ser y del de los demás -fui casi hetéreo como los parapsicólogos- no habría llegado a los dioses y a los ritos. Es la conciencia la que nos lleva a la oscura creencia de que valemos algo y por ende que nuestros congéneres valen también como iguales -alguien se enojará conmigo si digo que el universo no se inmuta por la desaparición de un ser humano, es más ni siquiera se inmutaría si desapareciera todo el planeta tierra y aún el sistema solar o la galaxia entera- y por tanto aún con un lenguaje precario, decidimos volcar los restos de nuestros parientes y amigos en sitios conocidos para continuar visitándolos ¿A quién? ahí está la sabiduría popular y el miedo y las imaginerías que dan luz verde a una entidad adosada a la materia, que tiene la capacidad de sobrevivrle a aquella -el alma, el doble, la energía, el ki, la psyque aristotélica- y que se salva ¿en dónde? pues en un sitio donde no haya tantos sufrimientos como en esta tierra y al que llamaremos "cielo" por lo alejado y bello que se ve de nosotros, aunque bien el cielo podría ser le champs elysees o "las praderas del cielo" donde abunda la caza o ese lugar mítico que es el Valhala donde nunca se acaban el trago y la comida y bueno, debe haber un castigo para quienes no se porten bien -al que no respete las reglas- y cual mejor que el fuego al que tanto temían, así que nuestros "infiernos" serán ardientes y desolados, el centro de un volcán o ríos de fuego que le envuelven, o helados como lo que tanto temían los escandinavos, todo lo que atormente al hombre se vuelve la parte siniestra que debe ser promovida por un artífice al que le dicen Diablo, Loki, Lucifer, Vulcano, Hell, Tiamat y cuya morada es el mismísimo infierno. Las explicaciones lógicas desaparecen y se cubren con el manto religioso, donde todo lo bueno es el dios bueno y sus castigos por la maldad y por eso explicamos el rayo, la lluvia y las tormentas, el sol y la luna, la tempestad y la cosecha y a cada una le asignamos una deidad y a cada una un rito de apaciguamiento. La comunicación de los antiguos pobladores por medio de invasiones, logró que muchas cosas fueran copiadas: la proveniencia del caos, tanto en egipto como en grecia y en la cristiandad se usa un caos primigenio; como el ser que es inmortal por todo lado excepto por uno especifico: Sosryco la rodilla, Sigfried la hoja de tilo, Sansón el cabello, Aquiles el talón; la trinidad hebrea, la trinidad cristiana, Zeus, Hades y Poseidón, Osiris, Isis y Horus; padre, hijo y espíritu santo, Shiva, Visnú y Krishna o que hubiera una escolta de doce apóstoles y en el olímpo fueran 12, como doce son los de Tiamat, Nada raro que compartan una mujer virgen y diosa de la fecundidad: Artemisa, Isis, María, Ishtar, Astarté e incluso que alguno haya vendido su primogenitura por una sopa de lentejas: Esaú a Jacob e igualmente Cronos a su hermano Titán... Con tantas analogías olvidé mencionar que toda creencia tiene un detractor y desde el principio mismo de las religiones, una o varias personas renegaron de ella. La sociedad los aislaba, los despreciaba o los quemaba en los fuegos de la inquisición, pero el "ateo", el atrevido, el irreverente y arreligioso, es inherente a la religión y por tanto nace con ella y hoy que sostienen libertad de culto -que debería ser ausencia de culto- proliferan aquí y allá. Debieron ser pocos porque ir contra la manada repercutía en ser expulsado de ella, pero siempre hay un incrédulo, ateo, loco y pesimista que cree que de eso tan bueno no dan tanto.
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