lunes, 24 de marzo de 2014

Homus Sapiens ignavus

Es muy común el observar que a la gente le choca que le digan cobarde o cualquiera de sus sinónimos: miedoso, gallina, pusilánime, irresoluto, medroso en fin. Nos ponemos a cacarear que somos valientes y que habrá que pasar por encima de nuestros cadáveres. También hay un sinnúmero de frases calmantes para evitar el desportille, la algarabía y el berrinche. Que a cada cinco minutos muere un héroe, que los cementerios están llenos de valientes y que es mejor que se diga aquí corrió que aquí murió. Para corroborar esas tesis nos ponemos al cubierto de la evolución y nos damos cuenta que aquellos superhéroes de película no existen en las tribus, la valentía es sólo un nombre en la inmensidad del diccionario porque los valientes son de cuentos de hadas. Dase la casualidad que aquellos seres que dejaron genes vivos fueron los que se escondieron de los grandes predadores, los valientes siempre se atravesaban a sus presas y morían y su descendencia, caso para el cual ya habrían procreado, también muere, en honor a la valentía de su padre enfrentándose a un extremo peligro. Los "cobardes" aquellos que viendo el peligro, se alejan o se mantienen para pelear otras batallas son los que nos dejaron la herencia que hoy revivimos en tan caótica escuela. No debemos olvidar que los expertos en comportamiento demarcan la juventud como una ausencia de miedo y deseos de adrenalina, lo que podría pasar por temerario en alguna escuela, pero son síntomas de una enfermedad, la adolescere, que se cura con el tiempo. No abarquemos casos imposibles ni historias de ricitos de oro. Hay gente que nunca madura y por tanto vivirán el riesgo hasta que acontezca la muerte, dejarán descendencia y ésta, entrará en el mismo proceso evolutivo, (llámelo como quiera, premio evolutivo o castigo evolutivo), premiar a los cobardes y castigar (con evitar llevar los genes a otra generación). El caso de D. Morris es claro: la homosexualidad no es un problema para la evolución, porque los homosexuales no dejan descendecia y por tanto su cadena se extingue a su muerte. Eso no explica porque proliferan los homosexuales, pero es tan obvio y claro que por tanto somos los hijos de la cobardía y no de lo contrario de ahí Homus Sapiens Ignavus.

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