jueves, 4 de septiembre de 2014

El egoísmo como camino evolutivo funcional

Si nos enfrentamos a las adoradas religiones de antaño y de ahora, comprobamos, no sin un poco de estupor y asombro, que ellas tratan de aprovecharse de la caridad y de lo que pueden a bien recibir de los bienes ajenos, que incentivan el dar y no recibir y que en general, se auto proclaman como dadoras de bienestar -Trataremos en otro acápite la versión moderna del bien de las religiones en el devenir humano- y acosan a sus seguidores a convertirse en ejemplo de generosidad. Nada más apartado de las selvas vírgenes y de la evolución humana: ¿Llama un tigre a sus congéneres cuando ha logrado dar caza a una presa para compartirla? ¿El león que ha ganado la batalla de una manada, permite que los cachorros del león vencido sobrevivan? ¿Las hienas regurgitan carne para crías de otros manadas? dirán que estos son simples ejemplos y que las hormigas reparten su ración de azúcares a cualquier otra hormiga que sepa acercarse y hacer las señas convenientes a sus antenas (ejemplo de M. Maeterlink en "la vida de las hormigas"). Los animales superiores son mi ejemplo en el momento y no es necesario que me lleve el premio por darlos como tal. Fíjense en la carrera por dar a luz que sufren los espermatozoides. Ninguno se detiene caballerosamente para que el rezagado pase y fecunde. El primero sobrevive como mensajero del ADN de la especie, los otros 299'999.999 pierden la carrera y desaparecen, literalmente, luego del suceso en cuestión. ¿a qué lamentos por esas pobres vidas que no pudieron nacer o que se quedaron estancadas en el camino de la vida. No se aferren, el genetista Richard Dawkins escribió sobre ello, con un análisis profundo y que no deja mucho lugar a dudas; Aunque, no es mi intención retirar las dudas y dejar la certeza en los corazones y mentes de los que leen, mi intención se dirige más a invitar a reflexionar sobre uno u otro tema que se aparece en las cadenas de la evolución. Dawkings habla de "capacidad de adaptación al medio". Yo, un imbécil de talla internacional, me refiero a que las religiones, violentan nuestro estado natural, que, de por sí, no es el de compartir. No dudo que nuestra especie busque llevar un poco de comida a los de su familia o  a su clan, pero para que la supervivencia se dé, es imperioso que el otro bando no subsista. Si la caza se disminuye con la prevalencia del otro grupo, mi caza se verá afectada y con ella la de mi grupo, por lo tanto debo evitar ser condescendiente con ellos. Los ejemplos reales son miles: el nepotismo, la alimentación de clan, el regalo del niño dios del vecino, las charlas de las madres respecto a sus capullos en los jardines infantiles; el yo freudiano que surge en cada conversación en la que, indistintamente hablamos del yo; nuestras posesiones, el patriotismo, el deporte, la política... ¿Será que permitirán los seguidores de un tal o cual partido repartir en igualdad de condiciones o dar votos a su contrario para que venza? ¿regalarán acaso la estrella de algún campeonato?.
compartir no es nato en la humanidad, somos seres egoístas por nuestra naturaleza turbia. Algunos adefesios mentales que hablan de repartir sólo calman la sed de su alma y la piedad que reclaman algunas religiones como requisito para ingresar en sus antros de bienestar -algunos le llaman cielos- y, ergo, siguen siendo egoístas, pues sacrifican el egoísmo primario para obtener un bienestar alterno. La humanidad es tan egoísta que creo cielos e infiernos para los que son egoístas y para los que no, dando al que no un peor castigo, por lo que se demuestra que es su egoísmo el más difícil de tratar.

Si llevamos el egoísmo en nuestra sangre, será más fácil nuestro camino en el mundo, la piedad es un estorbo, una silla de ruedas impuesta. Ganar a toda costa es nuestra consigna, la consigna humana, derribar, vencer por cansancio o por ejecución de trampas, pero vencer. He ahí, lo que yo llamo camino evolutivo funcional.

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