viernes, 17 de mayo de 2019

El beso dos

Lamento tener que entrar en un segundo arrebato oscular pero requiero poner en el papel cosas que parecen desprenderse desde la primera vez que traté el beso y su poder. Cuando uno se pregunta porque el beso se vuelve tan particular y tan codiciado, tiene que devolverse en la evolución y preguntarse por qué se desarrollaron esas dos franjas de tejido adiposo con tan alta irrigación sanguínea y luego cuál fue su función. Al parecer, los labios son una herramienta multi funcional que fue perfeccionándose a través de los siglos. Los primeros en necesitarlos fueron los mamíferos para poder succionar el alimento y se fueron perfeccionando y adquiriendo una gran cantidad de sensores  y vasos sanguíneos ─queda por verificar que tanto sienten los mamíferos con los labios ocultos o no─ que le permitían no sólo "sentir" y poder buscar las ubres sino, además, el entorno. Ni modo que tales adaptaciones trajeron consigo más musculatura y capacidad de movimiento para manipular el alimento sin necesidad de manos y al llegar la liberación de las manos y la fonación adquirieron otra particularidad de ser articulaciones de esa fonación, porque los labios son muy importantes en la pronunciación. Llegados a este punto puede buscarse en la literatura como se alimentaba a los bebés cuando no había compotas o papillas y la leche materna había desaparecido. Aún hoy, algunas tríbus mastican el alimento y luego lo depositan en la boca del bebé y no sé si puedan ver allí un conato de beso placentero que nos trae la memoria o si es el inicio y momento en que al unir los labios nos damos cuenta del placer que proporciona, es decir, que el sistema de recompensa nos entrega por el rozamiento de los labios una buena descarga de endorfinas. Los labios toman otras funciones como en el lenguaje corporal no hablado ya que muchos de sus movimientos nos dan señales de desagrado y aprobación y siguen siendo una herramienta de "auto imitación corporal" como explica Morris. Así pues, necesitamos los labios para poder alimentarnos como mamíferos y luego se adicionaron a sus funciones la de sentir el espacio y fonar, con la que se perfeccionaron en sensores y músculos que nos permitieron comunicaciones gestuales, silbidos, e imitaciones de otros animales; aparece la auto imitación y la alimentación de bebés creciditos que, llegado el caso y saliéndome por la tangente con la psique, comprobó que el roce de los labios producía placer y replicó los ejercicios que hoy nos llevan al mundo del beso y de los mil besos y formas de besar.

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