Ya había hecho en un capítulo anterior un acercamiento a las bondades del juego, el pequeño sucedáneo de la guerra, pero no hurgué en el pasado para ver en que momento aquella guerra entre humanos se humanizó con reglas y aspavientos. Es probable que la una no descienda de la otra y la primera sólo sea una manera de hacer entrenamiento mientras se divierte. Observando los juegos infantiles de los felinos podemos ver como el cachorro imita la caza, el ataque, la furtividad y el asalto mientras juega con sus padres. No dudo que juegos similares sin demasiada rudeza, le permitirían al ser humano ir interiorizando los "conocimientos" necesarios para la supervivencia en el mundo prehistórico. Nuestros primos nacen con la fuerza para aferrarse al pecho materno y ésta los lleva en su camino. El animal humano nace sin tal fuerza, aunque no puedo decir absolutamente nada en los homínidos anteriores al hombre, he de suponer que perdimos tal habilidad en compensación con otras ─salve nuestro cerebro─ ocurrido lo cual nuestros padres, aprovechan cualquier intento del uso de la capacidad prensil de las manos para incitar al bebe a que agarre y se sostenga ─juego─ que luego le proveerá la capacidad y la fuerza necesaria para el agarre. "Arepitas para papá" hace exactamente lo mismo: un juego de coordinación que le permitirá ir afinando los sentidos en la dirección correcta. Las primeras palabras, la incitación a caminar, a sostener la cabeza, a voltearse, a la regulación de sus horas de sueño... en una palabra, la adaptación al medio humano es la finalidad de todos esos juegos. En la niñez, allá en las cuevas oscuras, donde crecer era un imperativo, el crío acompañaba esporádicamente a la manada para comprender los rudimentos de la consecución de la comida o de los posibles riesgos de tal o cual empresa. Dudo que de primerazo lo llevarán a una caza de mamuts, para ello debería mostrar su crecimiento con algún rito específico (ya hablaremos de los ritos de iniciación) que demostrara su "madurez" para la caza, pero una salida a recolección que no denotara muchos peligros sería un buen inicio, trepar a un árbol, desalojar una colmena, encender el fuego... (jamás he dudado que por evolución, los progenitores cuidan a sus crías lo más posible). La niñez de los críos más recientes, se ve abarrotada de una ingente cantidad de juegos ─los juegos de pelota─ que requieren habilidades que, muy probablemente no ayuden a cazar o elegir pareja, pero que refuerzan y ponen en funcionamiento los músculos, que de ser predadores o presas, necesitaríamos para huir o perseguir. Así las cosas, no es tan malo ver que, experimentalmente, las personas que muestran poca habilidad en aquellos "juegos infantiles" desarrollan algún complejo social, aunque algunos de esos mismos individuos, desarrollan habilidades de otro tipo que superan tal complejo. No sobra decir que aquellos que se vuelven hábiles en tales juegos, aumentan su atractivo a las hembras de su especie. Yo puedo jurar que patear un balón no es una habilidad superior de caza, el mejor futbolista del mundo moriría en una situación de supervivencia extrema si sólo sabe patear un balón y hacer fintas y amagues, pero el hecho de que aquel sobresalga de la multitud, e incluso las feromonas que produce el individuo en la sudoración, activan las antenitas de vinil de las chicas y aquel se hace, aunque no sea bien parecido, atractivo a la hembra. Misma definición para el campeón de moto trial o para el ganador de un derby o de un grand prix o... El juego es un modelo de iniciación para reforzar nuestras habilidades, que, en un mundo sin mayores depredadores, ha pasado a formar parte de la entretención y la sana competencia y aunque ningún animal sea más rápido que nuestros vehículos, ni más fuerte que nuestros dispositivos, ni tenga mejor comunicación que nuestros sistemas de ondas, seguimos en competencias atléticas por hacer las cosas más fuerte, más rápido, más alto y nuestra innata inclinación a la competencia crea verdaderas contiendas. Se juega pues para desarrollar y adaptar habilidades humanas. Las diversas competencias sólo son una escogencia particular y, una manada siguiendo a la otra, convierten a los juegos de pelota en reyes de los deportes, pero eso no significa ni que sea así por siempre, ni que no exista en algún momento otro que se le imponga.
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