lunes, 6 de noviembre de 2017

El hombre y la mujer I

El primer juego mental sobre evolucionismo lo hice con Dayro Gallego y eso fue por allá a mediados de los años 90's y consistía en analizar por nuestra cuenta en que momento la mujer se había hecho mujer y el hombre hombre. Puede parecer difícil, pero nos basamos en que los rasgos superficiales de macho y hembra no son tan profundos, en cuanto a ratas, caballos, vacas, pájaros en fin y buscamos en la evolución que los simios tampoco son tan diferentes entre sí. Un experto diferenciará fácilmente a la hembra del macho, pero sólo un experto o alguien con experiencia. Dedujimos que en algún momento le dedicamos más tiempo a la cría por ésta nacer tan indefensa y zas, en ese momento se dividió la educación y el trabajo, el protosimio encargado de la educación fue bautizado "mujer" -en el azar cuántico fue quien permaneció con el cigoto en sus entrañas- y desarrolló unas cualidades de calidez, de habla, de orden en fin. Y, quien depositaba el esperma, fue llamado a desarrollar la fuerza y las habilidades para conseguir el pan e incluso adoptar la voz gruesa para emitir el grito de defensa de la tribu -léase familia- y fue llamado "hombre". Eso es tan arbitrario como el nombre de las partículas y su polaridad; si los electrones hubiesen sido llamados protones, simplemente hoy la ciencia madre se llamaría protónica y no electrónica y el núcleo contendría electrones. Sí comienza una carrera de compensaciones y efectos que provocan un mayor desarrollo de caderas en uno y de hombros en otro; un mejor sentido del desarrollo muscular en uno y un mejor sentido del orden en otro, un cambio de las cadenas de fertilidad donde ya la hembra se exhibe y el macho escoge. Puede ser confuso para algunos, pero antes el macho exhibía sus virtudes a las hembras para que aquellas escogieran entre los machos de mejores características, el más fuerte, el más apto para cazar, el de mejores genes para transmitir y el macho aceptaba gustoso a la hembra sin reproches. El intercambio feromonal le puede garantizar a una hembra la cantidad de trabajo que ejecuta un macho y por ello resulta atractivo ese macho -la prueba del olor corporal pasó los estándares hace mucho en cuanto a certeza evolutiva: es decir, los machos de olor corporal fuerte, tienen o tenían más probabilidad de éxito que aquellos que no tenían tal olor- y por ello cedía ante él: La perspectiva de unos hijos sanos y de un padre trabajador y responsable. En lo que vemos corrido, la hembra ha desarrollado protuberancias y carnosidades que atraen a la bestia del sexo opuesto, la exhibición pasó a la hembra y ésta descolla agresivamente para atraer al macho y, la evolución lo dirá si está equivocada o no, se le pega a cualesquier homínido que sienta, puede protegerla -no quería mencionar lo del dinero, pero parece que ese también soltara feromonas- y brindarle sustento. Es verdad que ya hoy un hombre puede quedar embarazado y que, muy fácilmente, sin desarrollo muscular, una mujer puede encargarse de la alimentación y protección de un hombre. El machismo y el feminismo mal entendidos generan una discordia entre los dos componentes de la especie y es verdad que la valía intelectual y física de cada uno es diferente, si quieren inventar que somos iguales, adelante, la ciencia no es tirana y jura que al desarrollarnos para actividades diferentes, enfatizamos unas características diferentes -aunque parezca broma, imagínense una mujer buscando una abertura donde introducir un algo que no tiene- y que aquellas características, si bien no hacen feliz a todo el mundo, si a una buena mayoría y aunque la ciencia no es democrática yo me apego a lo que dice. Ahora, la civilización, apoyada por la ciencia, promulga una igualdad de derechos en cuanto al acceso al conocimiento y a la carta magna. Esas cuestiones deben procurarse. En cuanto a la galantería y buenas maneras dudo que ellas acepten pagar la mitad de lo que consumen, andar en el lado peligroso de la calle o permanecer de pie en los lugares donde los caballeros ocupan las sillas; dudo que un hombre acepte ponerse unos calzoncillos con encaje y liguero para la noche de bodas o que vaya de lado a lado buscando pinturas para hacer sobresalir los labios y se implante siliconas para resaltar el pecho y los hombros -no faltará quien si lo ha hecho- pero si acepto los seis meses de prebenda por embarazo, que me paguen mis cuentas y de que tres o cuatro días al mes me traten de manera diferente por mis cambios de humor.

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