domingo, 20 de octubre de 2013

Sociedades I



Dentro  de todo grupo social y gracias a las convicciones que tenemos respecto a los esquemas corporales; aquellos que nos dio Desmond Morris en su análisis de “El mono al desnudo” y si nos vamos a la telaraña, encontraremos maneras de leer el dedo en la barbilla, el disparo del humo del cigarrillo hacia abajo o hacia arriba, la tensión facial, el stress vocal y muchas señales que el ser humano envía sin hablar, a veces confirmando sus palabras y otras diciendo algo perfectamente nuevo, unos años conviviendo con la humanidad y observando estos gestos nos pueden hacer expertos falibles en la lectura de los mismos. A nadie le es nuevo que una persona cercana le diga, “¿estás cansado?” “te veo triste” “noto cierta ansiedad” y es claro que las señales de desprecio, rabia, enojo, ternura, dolor y demás, son prácticamente universales; aunque salvamos a Hesse en su “Narciso y Goldmundo” donde, con justificación, equipara los gestos de dolor y placer y los hace confundibles, -bástece ver la santa teresa de Bernini.- Comparen fotos de orgasmos y de personas con dolor extremo y no hallaran demasiadas diferencias; por lo demás las lecturas de señas a las que me refiero en sentido universal, no se necesita mucho entrenamiento para comprenderlas; aunque como dije, podemos equivocarnos tranquilamente y descaradamente. Existen otras lecturas, aquellas que nos permiten entender el lugar que ocupa una persona en la sociedad, ya por sus posturas de dominio, su manera de hablar o de pararse ante un público o ante sus interlocutores, su traje, su emblema de “yo soy el que mando”. Bien ya eso se puede leer e incluso encontrar en muchos libros de lenguaje corporal. Mi intención es sencilla y modesta, quiero clasificar a un grupo social dentro de una casta cuyos nombres están ahí al alcance de la mano. En toda sociedad aparecen las castas, sea humana o animal. Si analizamos una manada de leones, veremos uno que trabaja menos y ruge más, que es el único con derecho sexual, y con un gran número de hembras, ese es el macho alfa, el macho dominante, el que manda, el que tiene la responsabilidad del apareamiento y de la defensa de la manada; si no cumple con tales tareas, será destronado por alguien que si las cumpla. No podemos decir que no existan otras posiciones, ya la de los otros machos es una posición sometida y la de las hembras, es una posición de vasallaje. Con pequeños cambios sutiles, veremos las mismas castas en toda sociedad humana; miremos las otras: existen en las sociedades diferentes niveles de castas que a veces son ocupadas y otras veces no. Estas posiciones son variables y se mueven además con el tiempo.  Todos los miembros de una sociedad o microsociedad, se pueden catalogar por el rol que desempeñan con relación al macho alfa.

El macho alfa: no hay mucho que decir de él, siendo la figura más sobresaliente de una multitud, grupo o reunión, es el que se encarga de todo en cuanto a la imposición de tareas, es el que dirige, selecciona e impulsa las ideas y las propuestas; con razón o con fe; fe de sus súbditos o poder investido, el ejemplo es la nobleza o los purpurados. Es el más fácil de descubrir, ya hemos dicho que el sólo empuñar un tótem o un emblema le hace grande, su postura es erguida y aparenta ser el más alto de la manada, confirmando la regla de la verticalidad agresiva: la mayor altura que quiera aparentar un cuerpo, está directamente relacionada con la cantidad de seguridad que este cuerpo quiere aparentar y en relación directa con la agresividad del mismo cuerpo. Todo lo que aparezca en el entorno, es primero analizado por él, nada se le escapa a condición de no perder su estatus; en definitiva es el de sexo más activo o por lo menos quien más lo aparenta, ya que la relación sexo – poder, es bastante visible y muy marcada en las sociedades actuales.
El macho beta: también es fácil de descubrir por que es el que está a las espaldas del macho alfa, como decir el vice comandante. Cuando no está el macho alfa, se ocupa el macho beta de sus actividades y las ejecuta imitando el poder de ejercicio copiado del macho alfa; incluso le pasa un informe a su superior; no es que el beta se sienta inferior, por el contrario, está seguro de poder ocupar y hacer bien las veces de alfa, pero espera el turno de saltar; tal cual lo podríamos ver en los pequeños leones que van ascendiendo de nivel hasta convertirse en un peligro para el líder de la manada, quien se ve obligado a expulsarle. Se reconoce por la línea  de mando, por lo general pide apoyo para tomar sus decisiones y pide consejo asistido de los que lidera. Cuando se enoja, trata de imponer sus preceptos porque se siente menospreciado, pero su radicalismo es sólo el inicio de la pérdida de control para convertirse en alfa de su propia manada o reclamos de cuidado, si se conserva como beta.
El macho furtivo: el más sencillo de detectar, porque sus actuaciones le obligan a convertirse en un excelente mentiroso o en uno pésimo, pero espera que sobren piezas para cada paso de su vida. No se trata del que espera las sobras de la mesa, sino de aquel que, a escondidas, sobrepasa la línea de mando implícita y adquiere poder sustituto bajo un mundo que se crea para sí y para los que logra enredar con sus mentiras; el mejor ejemplo es el de los machos que no tienen el tamaño para entrar en competencia por las hembras, pero esperan a que el macho alfa esté en una guerra de poder para fecundar algunas hembras del borde del harén -todo se trata de sexo- en apariencia es el alfa, pero no olviden detrás de qué se escuda. Postura tan valida como la del macho alfa, éste funda su supervivencia en el engaño, diríamos que es el Ninja de la sociedad.
El macho subordinado: los demás del círculo social, grande o pequeño, comparten la tarea del macho que se somete y obedece; se encargan de todas las tareas o reciben el más de las tareas, hasta que quieran tratar de ocupar un eslabón más alto en la cadena de mando, en cuyo caso, entramos en un conflicto hasta que la cadena vuelva a su estado natural. Un macho alfa, un par de betas y muchos subordinados que realicen las tareas y sirvan de base para la subsistencia de la manada.
El macho independiente: una especie que es escasa, se encuentra en el macho solitario; está en una manada mientras le convenga estarlo y no se apega demasiado en ninguna, es un espíritu volátil, en cuanto a su estadía permanente, aunque es posible que algunas manadas le ofrezcan exactamente lo que necesita. En cuanto a autonomía, es  libre y se apega a las decisiones del macho alfa, como decía, hasta el momento en que ve violentada su postura de alfa escondida. No requiere de una manada que lo sustente, pero se adhiere a alguna para encausar un instinto, en general es más el ejemplo del tigre, con su propio territorio en el que no quiere ver ni a otros machos –de ninguna clase- ni a ninguna hembra que no esté en celo.
El macho escondido: en ocasiones vemos que hay una persona muy importante para un grupo social, al que se le pregunta por las decisiones y por las acciones a tomar frente a cada situación; casi como los ancianos de la tribu, en los que se valora su experiencia y buen juicio; pero este macho no asume el liderazgo, es el poder detrás del poder y no se hace notar; en vez de imponer, propone y es escuchado ampliamente. Se requiere una buena perspectiva para reconocerlo y a eso se debe que lo haya bautizado el macho escondido.
El macho súper alfa: Se trata de un macho que en las condiciones en que se reúnen muchos machos alfa, se toma el papel de alfa dominante y desplaza a todos los demás alfa a puestos secundarios dentro de este estatus que se me ocurre. En una sociedad no coexisten dos machos alfa. Cuando se organiza el clan, ocurren enfrentamientos y agresiones que escalan la manada dejando a cada cual en el puesto para el que es apto.

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