Dentro de todo
grupo social y gracias a las convicciones que tenemos respecto a los esquemas
corporales; aquellos que nos dio Desmond Morris en su análisis de “El mono al
desnudo” y si nos vamos a la telaraña, encontraremos maneras de leer el dedo en
la barbilla, el disparo del humo del cigarrillo hacia abajo o hacia arriba, la
tensión facial, el stress vocal y muchas señales que el ser humano envía sin
hablar, a veces confirmando sus palabras y otras diciendo algo perfectamente nuevo,
unos años conviviendo con la humanidad y observando estos gestos nos pueden
hacer expertos falibles en la lectura de los mismos. A nadie le es nuevo que
una persona cercana le diga, “¿estás cansado?” “te veo triste” “noto cierta
ansiedad” y es claro que las señales de desprecio, rabia, enojo, ternura, dolor
y demás, son prácticamente universales; aunque salvamos a Hesse en su “Narciso
y Goldmundo” donde, con justificación, equipara los gestos de dolor y placer y
los hace confundibles, -bástece ver la santa teresa de Bernini.- Comparen fotos de orgasmos y de personas con dolor
extremo y no hallaran demasiadas diferencias; por lo demás las lecturas de
señas a las que me refiero en sentido universal, no se necesita mucho
entrenamiento para comprenderlas; aunque como dije, podemos equivocarnos tranquilamente
y descaradamente. Existen otras lecturas, aquellas que nos permiten entender el
lugar que ocupa una persona en la sociedad, ya por sus posturas de dominio, su
manera de hablar o de pararse ante un público o ante sus interlocutores, su
traje, su emblema de “yo soy el que mando”. Bien ya eso se puede leer e incluso
encontrar en muchos libros de lenguaje corporal. Mi intención es sencilla y
modesta, quiero clasificar a un grupo social dentro de una casta cuyos nombres
están ahí al alcance de la mano. En toda sociedad aparecen las castas, sea
humana o animal. Si analizamos una manada de leones, veremos uno que trabaja
menos y ruge más, que es el único con derecho sexual, y con un gran número de
hembras, ese es el macho alfa, el macho dominante, el que manda, el que tiene
la responsabilidad del apareamiento y de la defensa de la manada; si no cumple
con tales tareas, será destronado por alguien que si las cumpla. No podemos
decir que no existan otras posiciones, ya la de los otros machos es una posición
sometida y la de las hembras, es una posición de vasallaje. Con pequeños
cambios sutiles, veremos las mismas castas en toda sociedad humana; miremos las
otras: existen en las sociedades diferentes niveles de castas que a veces son
ocupadas y otras veces no. Estas posiciones son variables y se mueven además con el
tiempo. Todos los miembros de una
sociedad o microsociedad, se pueden catalogar por el rol que desempeñan con
relación al macho alfa.
El
macho alfa: no hay mucho que decir de él, siendo la figura más sobresaliente de una
multitud, grupo o reunión, es el que se encarga de todo en cuanto a la
imposición de tareas, es el que dirige, selecciona e impulsa las ideas y las
propuestas; con razón o con fe; fe de sus súbditos o poder investido, el
ejemplo es la nobleza o los purpurados. Es el más fácil de descubrir, ya hemos
dicho que el sólo empuñar un tótem o un emblema le hace grande, su postura es
erguida y aparenta ser el más alto de la manada, confirmando la regla de la
verticalidad agresiva: la mayor altura que quiera aparentar un cuerpo, está
directamente relacionada con la cantidad de seguridad que este cuerpo quiere
aparentar y en relación directa con la agresividad del mismo cuerpo. Todo lo
que aparezca en el entorno, es primero analizado por él, nada se le escapa a
condición de no perder su estatus; en definitiva es el de sexo más activo o por
lo menos quien más lo aparenta, ya que la relación sexo – poder, es bastante
visible y muy marcada en las sociedades actuales.
El
macho beta: también es fácil de descubrir por que es el que está a las espaldas
del macho alfa, como decir el vice comandante. Cuando no está el macho alfa, se
ocupa el macho beta de sus actividades y las ejecuta imitando el poder de
ejercicio copiado del macho alfa; incluso le pasa un informe a su superior; no
es que el beta se sienta inferior, por el contrario, está seguro de poder
ocupar y hacer bien las veces de alfa, pero espera el turno de saltar; tal cual
lo podríamos ver en los pequeños leones que van ascendiendo de nivel hasta
convertirse en un peligro para el líder de la manada, quien se ve obligado a
expulsarle. Se reconoce por la línea de mando,
por lo general pide apoyo para tomar sus decisiones y pide consejo asistido de
los que lidera. Cuando se enoja, trata de imponer sus preceptos porque se
siente menospreciado, pero su radicalismo es sólo el inicio de la pérdida de
control para convertirse en alfa de su propia manada o reclamos de cuidado, si
se conserva como beta.
El
macho furtivo: el más sencillo de detectar, porque sus actuaciones
le obligan a convertirse en un excelente mentiroso o en uno pésimo, pero espera
que sobren piezas para cada paso de su vida. No se trata del que espera las
sobras de la mesa, sino de aquel que, a escondidas, sobrepasa la línea de mando
implícita y adquiere poder sustituto bajo un mundo que se crea para sí y para
los que logra enredar con sus mentiras; el mejor ejemplo es el de los machos
que no tienen el tamaño para entrar en competencia por las hembras, pero
esperan a que el macho alfa esté en una guerra de poder para fecundar algunas
hembras del borde del harén -todo se trata de sexo- en apariencia es el alfa,
pero no olviden detrás de qué se escuda. Postura tan valida como la del macho
alfa, éste funda su supervivencia en el engaño, diríamos que es el Ninja de la
sociedad.
El
macho subordinado: los demás del círculo social, grande o pequeño,
comparten la tarea del macho que se somete y obedece; se encargan de todas las
tareas o reciben el más de las tareas, hasta que quieran tratar de ocupar un
eslabón más alto en la cadena de mando, en cuyo caso, entramos en un conflicto
hasta que la cadena vuelva a su estado natural. Un macho alfa, un par de betas
y muchos subordinados que realicen las tareas y sirvan de base para la
subsistencia de la manada.
El
macho independiente: una especie que es escasa, se encuentra en el macho
solitario; está en una manada mientras le convenga estarlo y no se apega
demasiado en ninguna, es un espíritu volátil, en cuanto a su estadía
permanente, aunque es posible que algunas manadas le ofrezcan exactamente lo
que necesita. En cuanto a autonomía, es
libre y se apega a las decisiones del macho alfa, como decía, hasta el
momento en que ve violentada su postura de alfa escondida. No requiere de una
manada que lo sustente, pero se adhiere a alguna para encausar un instinto, en
general es más el ejemplo del tigre, con su propio territorio en el que no
quiere ver ni a otros machos –de ninguna clase- ni a ninguna hembra que no esté
en celo.
El
macho escondido: en ocasiones vemos que hay una persona muy importante
para un grupo social, al que se le pregunta por las decisiones y por las
acciones a tomar frente a cada situación; casi como los ancianos de la tribu,
en los que se valora su experiencia y buen juicio; pero este macho no asume el
liderazgo, es el poder detrás del poder y no se hace notar; en vez de imponer,
propone y es escuchado ampliamente. Se requiere una buena perspectiva para
reconocerlo y a eso se debe que lo haya bautizado el macho escondido.
El
macho súper alfa: Se trata de un macho que en las condiciones en que se reúnen
muchos machos alfa, se toma el papel de alfa dominante y desplaza a todos los
demás alfa a puestos secundarios dentro de este estatus que se me ocurre. En
una sociedad no coexisten dos machos alfa. Cuando se organiza el clan, ocurren
enfrentamientos y agresiones que escalan la manada dejando a cada cual en el
puesto para el que es apto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario