viernes, 17 de junio de 2016

Efecto tribu capítulo II

II






Hemos tenido que escapar por despecho de la tribu en cuestión y aún no analizamos las razones que nos llevan a formar parte de aquellas. El adolescente se encuentra en una etapa de su vida en la que está tratando de definir sus posturas; los cambios en su cuerpo se han hecho evidentes o se están haciendo y ya no pertenece, ni quiere pertenecer, a la de su predecesor. Ya no acepta ser tratado como un niño. Tampoco acepta, ni pertenece a ese otro estado de madurez, no quiere ser adulto y tampoco abandonar completamente la niñez. Es necesario, aunque no lo sepa, que aclare sus entes psicológicos, que resuelva su Edipo y evolucione la ley del padre. Sus caracteres cambiantes no le permiten permanecer inmóvil y evoluciona en el espacio; busca su ideal puesto en los otros individuos y de esa manera accede a una búsqueda intensa que le ofrece, en los patrones de comportamiento, la familia casual. La familia buscada opera como un ente de transición entre las etapas. Es el medio del acoplamiento y como habíamos dicho, en ella, se opera la misma escuela comportacional que en la familia.
Deberíamos decir que, sí fue la necesidad y el instinto de supervivencia la que agrupó al ser humano en proporciones suficientes para escapar de los peligros y procurarse el alimento, llevando consigo el detrimento sexual. Fue ese mismo instinto el que lo reprimió en cuanto al sexo, ya que, debió saltar de algún modo, de la simple manada en la que los derechos sexuales eran exclusivos del miembro más inteligente al sistema en el que los derechos se repartían “por igual”. Inteligencia comprendida por factores muy diferentes a los examinados hoy, es decir, facilidad de caza y consecución de alimentos, utilidad en la tribu, resolución de problemas menores e innovaciones dentro de la misma tribu, como usar una piedra para romper los huesos y extraer la preciada médula inaprovechada por los demás animales. Estos derechos deben aparecer más extendidos en la nueva tribu, cada uno con más deberes que derechos, pero cada uno con el derecho de cubrir sus necesidades sexuales, latentes siempre.
Nótese mi reíntegro a la adolescencia, pero aclárese que las tribus, por más variadas que sean, se encuentran en diferentes edades y etapas del desarrollo psíquico y sólo delimito mi espacio muestral para ofrecer el panorama de la instauración de la tribu, que, por lo general, se mantiene incólume al pasar el tiempo. Si no en firme actividad, en feliz recuerdo.


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