V
En el camino hacía nuestra audaz teoría, no debemos
abandonar la idea de recta, Euclides debe permanecer presente y es aquí donde
debemos acudir al impulso sexual proveniente de ese factor Mimir. Es claro que
si nuestra meta consiste en subsistir, la idea de una alianza lleve consigo la
necesaria procreación, como haya sido, es decir, ya por división celular o por
soro; el punto radica en que la forma de concebir del ser en cuestión requiere
de la unión de los sexos ubicados en individuos diferentes. Recordemos que
algunos gusanos se reproducen sexualmente, pero estos poseen ambos sexos y se
autofecundan. Esta división de los sexos en individuos diferentes es también un
modo interesante de la naturaleza de obligar a los individuos a la asociación
para la perseverancia de la raza, sin asumir el mito de Aristófanes como un
factor explicativo de la demencia del ser humano por reproducirse buscando
cualquier media naranja. No debemos olvidar al genial D. Morris “el individuo
que desvíe la atención de sus instintos, encontrando maneras diversas de
escapar a la procreación no subsistirá por más de un par de generaciones.” Es
pues, inexorable la búsqueda de asociación para llevar a cabo el acto de la
procreación y, si por demás las hembras son un poco escasas, hay que imponer
unas normas para la utilización de aquellas, sobre todo si se vive en
asociaciones. Pero está asociación podría tener otra razón. La prolongada
estadía del cachorro humano en estado de indefensión, tiempo en el cual aprende
el software necesario para su comportamiento futuro, obligó en cierta manera a
esta asociación que degenerá en el más sofisticado mecanismo de posesión y
propiedad privada: la familia.
No faltará, empleando los términos y las explicaciones de un
conocido amigo mío, que un interlocutor imaginario me agreda en términos
similares a los que empleará mi profesora del tema cuando me escuche en esta
diatriba que es apenas una humilde teoría:
-Equivoca usted el
proceso biológico con el proceso psíquico, asimilando que una viene después de
la otra, cuando en realidad el ente psíquico se da en el hombre, cuando
abandona el rasgo primitivo que más lo emparentaba con los simios.
Eso es en parte cierto, pero no del todo, porque como hemos
visto se necesito de una fuerza, descomunal y desconocida y un mecanismo que
permitió, es más, que obligó a los seres unicelulares a agruparse y esto es
presimiesco. Se aclara que para derrotar la teoría habría que burlarnos de ella
y presuponer una antes que la otra. El rasgo psíquico con el que se denota al
prohombre, es característico de él, pero debió dar algunos pasos en común con
los animales que es lo que hemos venido diciendo. Parece que entráramos en una
circunferencia sin salida pero analicemos que fue primero ¿el huevo o la
gallina? ¿los piñones o la máquina de hacer piñones que, invariablemente, lleva
piñones? ¿el software o el hardware? Me parecería injusto explicar en términos
de evolución sin dejar algo al libre pensar de los hombres del tercer milenio.
¿Qué fue primero la abeja o lo que acendra? Y de remate ¿fue primero el piropo
o la hembra veleidosa?
Me permito recordar a los paleontólogos cuyas teorías
involucraban la pregunta clave de la evolución: ¿es consecuencia el homo
erectus de su cerebro grande o es causa el cerebro grande de la forma erguida
de caminar? Hoy día con los cientos de antropoides parece no haber ya duda,
pero ¿por qué presuponer que el ente psíquico es consecuencia de su alejamiento
de los pre homÍnidos? ¿Por el hecho de que a ningún otro ser socializado -me
refiero a animales- se le han imputado teorías psicológicas? Las reglas
evolutivas no se dejan analizar en tan cortos períodos de tiempo y es indudable
que las razas tienden a desaparecer o a mejorar y en ese camino evolutivo están
mejor preparadas aquellas razas que están socialmente organizadas.
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